(...) Y ahí está el zombi, arrastrando los pies, mirando la pantalla del celular con los ojos clavados en su foto. En su avatar de Twitter. En su última publicación de Instagram. En su última conexión del chat. Aun así, todavía le banco las ganas de enamorarse. Le banco las ganas de enamorarse a cualquiera. Enamorarse es como el primer rayo del sol que te golpea la cara cuando salís del subte una mañana de invierno. Al fin y al cabo, uno no no es culpable de lo que ama, sino de lo que perdona.
Juan Solá
domingo, 15 de diciembre de 2019
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